La crisis brasileña


Por Oswaldo de Rivero



Las clases políticas sudamericanas esperaban que las clases medias que han surgido en sus países fueran como las clases medias de los países industrializados, consumistas y silenciosas.
Pero no ha sido así, ya que los países estelares del crecimiento de la clase media, Chile y Brasil, sufren hoy una protesta social liderada por ésta.

Esto se debe a que el crecimiento de la clase media se ha dado en el seno de las sociedades más desiguales del mundo, como son las sudamericanas, en particular, la brasileña y la chilena.

El abismo social de las sociedades sudamericanas ha originado servicios públicos de educación, salud, transporte y seguridad ciudadana de baja calidad que están frustrando las aspiraciones de la emergente clase media.

La clase política, que tiene ingresos de clase alta, no percibe que debido a la desigualdad social, una educación de calidad es carísima, que también pasa lo mismo con la salud. A esto se añade la inseguridad cotidiana y la corrupción rampante en el mundo de la política.

La clase media soporta esto quejándose en las redes sociales, hasta que una de las chapucerías de la clase política, llegan al colmo, la indigna y la lanza a concertar por Twitter y Facebook protestas masivas en calles, como las de Chile y Brasil.

Lo peor es que la clase política no comprende que la frustración de esta clase media es su partida de defunción. Ya que ésta, al no sentirse representada por sus chapucerías, la reemplazará con nuevos líderes y organizaciones políticas.

En el Perú el gobierno se deleita con un crecimiento económico y le gusta por esto “el piloto automático”. No se da cuenta que este crecimiento es, en último análisis, un subproducto de la gran demanda china de minerales, ciclo que está hoy agotado.

Después de doce años de crecimiento la clase política peruana no ha sido capaz de crear las condiciones para que la emergente clase media esté insertada en sistemas de educación y salud de calidad. Tampoco ha podido diversificar las exportaciones y sacar del extractivismo al país.

La mayor parte de la actividad política en el Perú es investigar expresidentes, y ahora, además discutir la surrealista “reelección conyugal”. Esto puede ser una colateralidad de la política pero no puede ser el epicentro de ella.

El Ejecutivo, después de tres gabinetes no es capaz de solucionar la protesta social, se enreda en conflictos con los funcionarios públicos, el servicio militar y las universidades. El Legislativo se dedica más a investigar que a legislar. Una de sus acciones más notables fue pretender aumentar el salario de sus integrantes.

La clase política peruana no busca solucionar la pésima distribución del ingreso, la mala calidad de la educación, de la salud, del transporte y de la seguridad ciudadana. Tampoco, hace frente a los desafíos que ponen en riesgo la viabilidad del país, como son el deshielo de los glaciales de los Andes y la creciente falta de seguridad hídrica, alimentaria y energética del Perú.

Toda esta incompetencia será el fulminante de la protesta de una emergente clase media que quiere otra clase política. 

Comentarios

Entradas populares