Éxito y fracaso de la política macroeconómica

 Por Carlos Alonso Bedoya


El éxito de la política monetaria peruana (la de las metas de inflación, la que permite acumular reservas internacionales nunca antes vistas, y la que hace flotar –hasta lo que puede- al dólar), es al mismo tiempo el fracaso de los bolsillos de los peruanos.
Sirve para que los tecnócratas peruanos saquen pecho y al mismo tiempo para que médicos, enfermeras, profesores, Policías, y un largo etcétera de trabajadores luchen por salarios dignos. Ese tipo de políticas son las que explican el “conflicto social del crecimiento” mientras dura el ciclo de bonanza sin reparto.

Es una paradoja. Veamos el caso de la flotación sucia del dólar, a fin de darnos una idea de lo conectada que está la política monetaria con que se gasten menos recursos del tesoro público.

Hace más de diez años que el dólar viene cayendo, hemos pasado del 3.50 soles por dólar al inicio del siglo XXI, hasta el 2.55 ó menos en el que se ubica en la actualidad. La divisa mundial se ha depreciado un 30 por ciento en el Perú. Y por si acaso, eso no tiene que ver con la fortaleza de nuestra moneda, sino más bien con que la moneda de reserva mundial proviene de la economía más endeudada del mundo: Estados Unidos, país que al ser uno de los más golpeados por la crisis de las economías desarrolladas, deprecia su moneda a fin de mejorar sus exportaciones y de paso trasladar su crisis a los demás.

Para que el dólar no se termine de desbarrancar y con ello dañar la competitividad de los exportadores, tiene que salir el Banco Central a recoger dólares del mercado. Pero para eso necesita emitir moneda nacional, que es con la que compra los billetes verdes. Ese proceso requiere de lo que en economía se llama “esterilización”, es decir emitir deuda vía bonos. En ese esquema, se requiere de superávit fiscal para mantener ese endeudamiento equilibrado. Es por eso que Castilla se enorgullece de su superávit fiscal que hace tiempo sobrepasa el 1 por ciento del PIB.

Cualquier economista de esa lógica, recomienda mantener un importante margen de superávit, lo que equivale a menos infraes-tructura y derechos para la población vía el presupuesto público. Esto se va a mantener mientras dure la crisis de los países ricos altamente endeudados (PRAE), y no me quiero imaginar cuando la crisis llegue también al sur.

Para los incrédulos, basta decir que hace cinco años España era el ejemplo macroeconómico y de pleno empleo, y hoy está hasta las cangallas en sus cuentas fiscales y externas y el Desempleo campea. Es que el modelo económico vigente no es sostenible (requiere de ajuste fiscal perpetuo), hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Los bancos son los que más ganan.

La salida de este ciclo perverso no es nacional, es regional. Tiene que ver con que las reservas internacionales se queden en el sub continente en lugar de financiar el déficit norteamericano. Con cons-tituir un fondo regional de estabilización monetaria. Con dejar de lado al dólar en nuestro comercio intraregional compensando en monedas locales, y mucho más.

Eso es integración financiera, pero los tecnócratas del MEF y el BCR peruanos creen que es pura ideología. No se dan cuenta que los más ideologizados son ellos.

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