El funesto legado de García y su Interpretación de la crisis europea

  Por Felix Jimenez
 
 
Alan García acaba de afirmar que la crisis europea se debe a que sus gobiernos aumentaron «irresponsablemente» la burocracia «escudándose tras el cliché del Estado del Bienestar», causando un «inmenso gasto» que hizo crecer el déficit fiscal y generó «un brutal endeudamiento que pagarán los hijos y nietos de quienes ahora consumen muy por encima de su capacidad de producción».

El daño económico originado por el primer gobierno de García

Con este argumento, García parece haber decidido exorcizar lo que hizo con el país durante su primer gobierno: aumentó la burocracia sobre la base de los «antiguos sistemas de clientelismo o prebenda política»; congeló precios y aumentó los subsidios; disminuyó la presión tributaria; generó un «inmenso» déficit fiscal que financió con emisión de billetes; importó alimentos con dólar MUC y agotó las reservas internacionales; por último, provocó una hiperinflación y una caída del PBI per cápita de cerca de 20% que nos hizo retroceder 30 años, es decir, a los niveles de PBI per cápita de 1960.

Visto de otra manera, si García no hubiera gobernado entre 1985-1990, el PBI per cápita del año 2011 (fin de su segundo gobierno) habría sino 28.6% más alto del que realmente se registró, y el PBI en dólares corrientes no habría sido de 176,728 millones sino de 227,292 millones. Estas estimaciones «generosas» revelan que el primer gobierno de García fue responsable de la pérdida de US$ 50,563 millones que hoy no disfrutan «los hijos y nietos» de los adultos que sufrieron los efectos de su nefasto gobierno de 1985-1990. Esta cifra es similar al superávit comercial (US$ 50,351 millones) registrado en el período 2004-2011, y equivale al 87.3% de las utilidades (US$ 57,890 millones) que las empresas extranjeras remitieron a sus matrices durante este período.

Pero eso no es todo. Inició su gobierno con un déficit fiscal de 2.8% del PBI y en menos de un año lo subió hasta un promedio de 7.6% del PBI. Este «inmenso déficit fiscal» se financió con emisión de billetes y también con deuda. Al inicio de su gobierno la deuda publica externa con respecto al PBI era de 48.7%; este porcentaje aumentó a 67.1% en 1989 y a 72.8% en 1990. Además, hay que mencionar que su política de limitar el pago de los servicios de la deuda a 10% de las exportaciones, hizo que nuestro país acumulara deuda externa en la década siguiente, cuyo pago renegoció después la dictadura de Fujimori.

Con esta renegociación se «pateó» el pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública externa hasta la primera década de este siglo. (Sobre la solución de esta nueva acumulación de deuda versará nuestro artículo del próximo sábado).

El «Gran Engaño» sobre la crisis europea

El argumento de García del aumento irresponsable de la burocracia, y de los déficits y endeudamiento excesivos, explica claramente las crisis que padecimos durante su primer gobierno. Pero, es un «Gran Engaño» --como dice Krugman-- para explicar lo que hoy ocurre en Europa.

Para empezar, el porcentaje de deuda respecto al PBI de los países que hoy tienen problemas fiscales, decrecía  de manera sostenida desde 1999 hasta 2007, año en el empieza la crisis financiera. Es más, España e Irlanda registraron un saldo público superavitario entre los años 2004-2007. Hay que recordar que las bajas tasas de interés de los años 2003 a 2007, dieron lugar a un auge económico que mejoró las cuentas fiscales y redujo la deuda pública como porcentaje del PBI, excepto en Grecia y Portugal. Recién, cuando en el año 2007 suben las tasas de interés, la posición fiscal de estos países se deteriora y el porcentaje de deuda a PBI se dispara.    

Los inversionistas internacionales, entre ellos los bancos de Alemania, son los que estimularon el endeudamiento en los países de la periferia europea. Al respecto, Paul De Grauwe, en su artículo «Self-Fulfilling Crises in the Eurozone: An Empirical Test», muestra que, por acción de esos inversionistas, se generaron «situaciones de insostenibilidad de la deuda» en los países de la eurozona, independientemente de sus fundamentos económicos. Los inversionistas exigen tasas de interés más altas para adquirir bonos soberanos, con lo cual aumenta más el déficit y, por lo tanto, el porcentaje de deuda respecto al PBI. Esto se explica porque los países de la periferia europea se endeudan en una moneda emitida por un banco central que ellos no controlan. Además, es por esta razón qué Inglaterra, con mayores niveles de deuda y de déficit fiscal que España,  obtiene un rating triple A de las agencias de calificación crediticia.  Inglaterra tiene su Banco Central.

Pero esto es solo una parte de la explicación de la crisis. Las políticas neoliberales y el capital financiero –como señalé en mi artículo del 24 de junio pasado-- «destronaron el papel motor de los salarios reales en el crecimiento de la demanda al desconectarlos de los aumentos de la productividad, y acrecentaron la desigualdad en la distribución de los ingresos». Y estos capitales  son los que promovieron el endeudamiento de familias y gobiernos para inyectarle demanda a un sistema que adolecía y adolece de insuficiencia estructural de demanda efectiva.

A modo de conclusión

Alan García cree que los países europeos «pecaron» y tienen que «redimirse sufriendo», es decir, recortando los gastos y congelando salarios. Recomienda combatir una recesión con más recesión.  Esta monserga neoliberal solo revela su ignorancia supina.

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