La élite neoliberal

Por Raul Wiener.








Hace tiempo que vengo observando algunos detalles característicos de la tecnoburocracia peruana: (a) son antiestatistas y consideran que el Estado es siempre ineficiente y corrupto;  (b) pero están convencidos que en los últimos veinte años se han creado una especie de espacios liberados para el antiestatismo en el propio Estado que han bautizado con nombres pretenciosos como el de islas de excelencia, donde por supuesto están ellos; (c) son multipropósitos, es decir, normalmente empiezan como abogados y se convierten en economistas “prácticos”, o siguen el camino inverso y terminan de “abogados prácticos” deteniendo las decisiones con la frase “no hay base legal” (las demás profesiones, salvo algunos contadores e ingenieros “peritos”, no tienen valor de mercado); (d) van juntando cada vez más cargos en el Estado, siempre uno con remuneración “especial” y muchos otros en directorios, comités especiales (de privatización), comisiones ad
 hoc, etc. que suman dietas y comisiones lo que no es solo un asunto de ganar más dinero, sino de asegurar que las posiciones estén controladas por el mismo grupo; (e) la mayoría empezó en la gestión privada (bancos, mineras, petroleras, empresas de aviación, etc.), para derivar como “expertos” al sector público, otros vienen de organismos internacionales (Banco mundial, FMI, CAF, etc.) de donde llegan como “gente de confianza” de esos influyentes organismos; (f) muchos ya han circulado varias veces de puestos de confianza en el Estado hacia sus equivalentes en la gran empresa privada, y de las empresas hacia el Estado, y en cada uno de estos lugares, funcionan como si estuvieran en la reserva para moverse al otro espacio; (g) algunos de estos personajes han ingresado a los medios de comunicación con lo que se cierra el círculo, en tanto que ahora aparecen “periodistas” que piensan como tecnoburócratas, defienden sus nombramientos, atacan cualquier otra designación en personas que no sean como ellos, hablan del “derecho” que tienen a ganar sueldos sin ningún tope como los que les pagaría la actividad privada, etc.; (h) normalmente se conocen entre todos y tienen una fuerte cohesión interna: cuando alguno es señalado por un conflicto de interés en sus relaciones con grupos privados, se defienden con su expediente en el Estado para que se vea que todo está claro, es decir que ni Fujimori, Toledo o García, los sancionaron por lo que hacían bajo su protección y las normas que ellos mismos ayudaron a elaborar; (i) la noción de “corrupción” de la tecnoburocracia es la del profesor que cobra para hacer pasar un examen o del Policía que pide coima para perdonar una papeleta, no la del gobernante que nos refriega en la cara con su actual nivel de vida que la plata le llega sola y con el que estuvieron de lo más bien, o del otro que mandaba a discutir asuntos políticos, judiciales y de dinero con el SIN, y ellos lo sabían, pero seguían en su isla de excelencia para luego moverse hacia los privados, y regresar al Estado un poco después; como que tampoco le hacen ascos a las condiciones onerosas para el país contenidas en los contratos que elaboraron desde el Estado, los cambios que hicieron en los mismos contratos para favorecer aún más a los contratistas y su reubicación final en las empresas a las que les dieron la mano.

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