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miércoles, 2 de marzo de 2011

Ay! La SUNAT


 Por Edgardo Cruzado



Más vale una experiencia que mil palabras. Cuando escuchaba, en la campaña pasada, lo de maldita SUNAT, me quedaba mal sabor. Soy de los que piensan que debemos fortalecer el sistema de recaudación, para recaudar más y cubrir las inmensas brechas de acceso a los servicios básicos. Bajo esta óptica siempre es difícil opinar sobre el ente recaudador. En esta campaña la SUNAT está pasando piola, más por la falta de propuestas de los candidatos que por su buen desempeño.
El buen desempeño no solo se mide por cuánto recaudas, que es un poco más fácil cuando la economía crece cada año, sino también por el trato que como entidad pública das a los ciudadanos. En las cosas sencillas, pero importantes, la SUNAT se ha burocratizado y eso refleja un pobre desempeño para asegurar a los peruanos un sistema de recaudación justo y equitativo, que al mismo tiempo sea capaz de rendir cuentas.
Les cuento un caso personal que ilustra la situación en la que se encuentra la SUNAT. Cualquier parecido con su experiencia, o de sus vecinos, no es coincidencia.
Hace un par de meses me encontré con la amarga sorpresa de que mi cuenta bancaria estaba en cero por embargo de la SUNAT.
Había estado fuera del país y no presenté mi declaración de renta correspondiente al 2008. Error mío. Lo extraño es que al momento que regresé al país, hace varios meses ya, fui a la SUNAT y me dijeron que no había nada pendiente. Entonces, ¿por qué me embargaron después? Resulta que la SUNAT solo identifica las omisiones si realiza una fiscalización. Es decir, su sistema tiene la información de todos los recibos con los montos y su destino, pero no es capaz de sumar y por tanto identificar automáticamente quién está obligado a presentar una declaración y quién no.
Yo no podía saber de mi omisión porque el sistema registra pero no suma. La chica que me atendió tampoco podía saberlo, porque el sistema no se lo dice. Hasta que una persona de fiscalización, con calculadora en mano, verificó mi cuenta y encontró el error.
La SUNAT no se enteró de que había un problema. Y yo sólo me enteré del problema cuando fui al banco y encontré mis cuentas embargadas porque, según me explica la SUNAT, para ellos no es obligatorio que yo me entere de la infracción. A mí nunca me llegó un aviso. Y lo gracioso es que el año en cuestión mi liquidación de impuesto a la renta era negativa, es decir, la SUNAT debía devolverme dinero.
Le di a SUNAT el beneficio de la duda y asumí que debía pagar. Pero nada en SUNAT es fácil, ni siquiera pagarles la multa y los intereses! Pude realizar mi declaración, solicitar el reintegro de mi saldo y pedir el fraccionamiento de mi deuda. Haciendo esto todo debía estar solucionado.
Pero todo era ficción. Un mes y medio después mis cuentas siguen embargadas, soy deudor de SUNAT y según su sistema tengo la condición de “no habido”. No importa que me vean en sus oficinas cada semana, que ya presenté dos quejas, que pague impuestos este mes o que modifique mi dirección fiscal. La SUNAT, con su oficina de defensa del contribuyente que para mi sorpresa es parte de SUNAT, tiene muchas explicaciones pero ninguna solución.
Mi caso es uno más de todos los que sufren a la SUNAT, en esos temas importantes pero, al parecer, poco urgentes. Vale esta experiencia para ilustrar la imperiosa necesidad de modernizar nuestro ente recaudador. Su burocrático e ineficiente funcionamiento en las cosas sencillas es el reflejo de su incapacidad para estar a la altura de un sistema moderno de recaudación. Y este punto debería estar en la mesa de debate en esta campaña.

1 comentario:

Joel dijo...

me sucedio lo mismo rayos