Inserción externa y TLCs: unas de cal y otras de arena


Aún en el contexto de crisis internacional, la actual administración no solo desechó el uso de la política comercial como un instrumento para enfrentarla, sino que siguió impulsando TLCs.

La prioridad ha estado en firmar acuerdos comerciales con países desarrollados. Primero fue EEUU, a fin de mes se podría cerrar negociaciones con la Unión Europea. Se ha suscrito un acuerdo con EFTA. También, el polémico tratado con China y las actuales negociaciones con Japón y Corea.

En contrapartida, se ha tenido una escasa dinámica en el vecindario. Una excepción es el malhadado y asimétrico TLC con Chile.

Con México no se pudo culminar un TLC y solo se amplió la vigencia del acuerdo de complementación. En la CAN, nos hemos alineado ideológicamente con Colombia en una posición funcional a los intereses que EEUU defiende en la región, y hemos tenido conflictos sistemáticos con Venezuela y Bolivia. No se pudo o no se quiso tener una relación más pragmática, como con Ecuador.

Con el MERCOSUR, las relaciones han sido frías y distantes, especialmente con quien fuera un aliado como Argentina. Con Brasil, correctamente se trató de dar un gran dinamismo político, aunque no necesariamente se hayan logrado los avances deseados, a pesar de la ejecución de tramos del IIRSA. La integración energética es en principio positiva, siempre que se satisfagan las observaciones ambientales y regionales que se han hecho.

Los acercamientos con Brasil y China son fundamentales, a lo que debería sumarse un mayor vínculo con otros países emergentes y BRICs, participando activamente con ellos en las coaliciones que impulsan en los foros multilaterales y en los mecanismos de cooperación sur-sur. Consideramos estratégica la relación con Brasil y China, siempre y cuando no se reduzca a una visión mercantilista y se desarrollen todos los planos posibles de acuerdo y cooperación, incluido el de la defensa. Eso no obvia la necesidad de tomar previsiones y medidas para que no se afecten sectores productivos y regiones.

A nivel vecinal, ha sido una excelente decisión la de nombrar al embajador Rodríguez Cuadros en Bolivia. Es fundamental retomar los históricos lazos de hermandad que tenemos con el país altiplánico, al más breve plazo posible. Este gesto debería ser el inicio de una política de unidad nacional en el frente externo.

Lamentablemente, se mantiene con Chile una política de debilidad y de concesiones que los vecinos piden (o no) y se dan. Declaraciones de “molestia” frente al caso del espionaje, pero visitas oficiales y encuentros empresariales como si nada pasara. Retorno de nuestro embajador a Santiago sin que se haya producido ninguna explicación del incidente. Silencio absoluto frente a ataques de autoridades y sectores antiperuanos del sur, y sanción y escarnio público a civiles y militares que responden internamente.

Presiones para que el Tribunal Constitucional no declare inconstitucional el tratado y coordinación con los medios masivos para dar una interpretación sesgada de su fallo. Como ha señalado el grupo Basadre, la precisión del concepto y ámbito del territorio, y la inclusión del criterio de seguridad nacional como una de las causales de expropiación, obligaría a una renegociación del TLC con Chile. Aunque, lo que contribuiría a la unidad nacional sería que el Ejecutivo deje sin efecto el TLC con Chile (según los mecanismos que este señala), hasta que no culmine el diferendo marítimo en La Haya, y no persistir en la nefasta política de “cuerdas separadas”.

Con la crisis, la apuesta por los acuerdos norte-sur ha resultado una decepción. La disminución del comercio y la participación de EEUU luego de suscribir un TLC, es una paradoja. La ilusión del gran crecimiento exportador y la lluvia de inversiones, se postergan hasta nuevo aviso. En ese contexto, China emerge como un actor más relevante.

La ideologización de las relaciones externas que implica el alineamiento con EEUU, y el estrechamiento de vínculos con Colombia y Chile (a pesar de La Haya), no parecen convenientes al interés nacional. El Perú debería persistir en la integración latinoamericana, a pesar de la diversidad existente. La política de TLCs y su agenda de implementación han implicado tensiones con la integración regional, generadas también por posiciones maximalistas del otro extremo.

Más allá de la intención de buscar acceso a mercados, lo que se ha descuidado es el aumento y diversificación de la oferta exportable y el impulso a la competitividad sistémica del país. Esto supone prioridad en educación, investigación y desarrollo, apoyo a las cadenas productivas, a las PYMES y las regiones. Políticas sectoriales compatibles con la OMC que logren un equilibrio Estado-mercado y genere un crecimiento sostenido con políticas activas que reduzcan la exclusión y la desigualdad.

Lamentablemente, se optó por el camino opuesto, la política del “perro del hortelano”. La profundización de la versión más burda y superada del Consenso de Washington.

Se requiere entonces nueva estrategia de desarrollo, y nueva política de inserción internacional. Lo urgente es consolidar la unidad nacional, para enfrentar los difíciles escenarios que se avecinan con el vecino del sur. Persistir en la actual estrategia no solo polariza al país, sino que puede tener imprevisibles consecuencias. Tenemos que actuar desde todos los ámbitos posibles en defensa de la nación peruana, antes de que sea demasiado tarde.

AUTOR : ALAN FAIRLIE; PROFESOR DE PUCP

FUENTE : ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

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